El Poder de la Paz Creadora

El Poder de la Paz Creadora 850 480 V.M. Samael Aun Weor

LA SOCIEDAD ES LA EXTENSIÓN DEL INDIVIDUO Y LO QUE ES EL INDIVIDUO ES LA SOCIEDAD, ES EL MUNDO.

Si el individuo es codicioso, cruel, despiadado, egoísta, etc., así será la sociedad. Es necesario ser sincero consigo mismo; cada uno de nosotros está degenerado y por lo tanto la sociedad tiene que ser degenerada inevitablemente. Eso no lo puede resolver el monstruo terrible del materialismo, esto solo lo puede resolver el individuo a base de su revolución integral.

Ha llegado la hora de reflexionar sobre nuestro propio destino. La violencia no resuelve nada. La violencia solo puede conducirnos al fracaso. Necesitamos paz, serenidad, reflexión, comprensión. Hay dolor, hay hambre, hay confusión pero nada de esto se puede eliminar mediante los procedimientos absurdos de la violencia. Quienes quieren transformar el mundo a base de revoluciones de sangre y aguardiente o con golpes de estado y fusilamientos, están totalmente equivocados, porque la violencia solo engendra más violencia y el odio más odio.

Necesitamos paz si es que queremos resolver problemas, necesitamos paz… No se deshacen las tinieblas a manotazos sino trayendo la luz. Tampoco se deshace el error combatiendo cuerpo a cuerpo con él sino difundiendo la verdad sin necesidad de atacar al error. Todo cuanto la verdad avance, todo eso el error habrá de retroceder. No hay que resistir al mal sino practicar incondicionalmente el bien y enseñar sus ventajas por la práctica. Atacando el error provocaremos el odio de los que yerran, y así de equivocados llegarán a hacerse malos. Atacando el mal provocaremos el rencor de los malos y así los malos serán peores.

Lo que necesitamos es difundir la luz para disipar las tinieblas.

Si verdaderamente queremos un cambio real tanto en nosotros como en la sociedad en que vivimos, necesitamos hacer esfuerzos por crear la paz interior capaz de albergar la Luz de la Conciencia.

La Conciencia es una facultad cognoscitiva del Ser, una facultad de aprehensión o cognición de las verdades cósmicas. Si aprendemos a vivir de acuerdo a los dictados de la Conciencia, es obvio que viviremos recta e inteligentemente.

Pero para esto necesitamos crear paz tanto en nuestro interior como en la vida cotidiana, y para esto necesitamos comprender en su profundidad qué es verdaderamente eso que llamamos paz.

Las gentes no saben comprender realmente lo que es la verdadera paz interior y solo quieren que nadie se les atraviese en su camino, que no se les estorbe, que no se les moleste, aun cuando ellos se tomen por su propia cuenta y riesgo el derecho de estorbar y de molestar y de amargar la vida a sus semejantes.

Las gentes jamás han experimentado la paz verdadera y solo tienen sobre esta opiniones absurdas, ideales, románticas, conceptos equivocados.

Para los ladrones la paz sería la dicha de poder robar impunemente sin que la policía se les atravesara en su camino. Para los contrabandistas la paz sería poder meter contrabando en todas partes sin que las autoridades se lo impidiesen. Para los hambreadores del pueblo la paz sería vender bien caro explotando a diestra y a siniestra sin que los inspectores del gobierno se lo prohibieran. Para las prostitutas la paz sería gozar de sus lechos de placer y explotar a todos los hombres libremente, sin que las autoridades de salubridad o de policía interviniesen para nada en su vida.

Cada cual se forma en la mente cincuenta mil fantasías absurdas sobre la paz. Cada cual pretende levantar a su alrededor un muro egoísta de ideas falsas, creencias, opiniones y absurdos conceptos sobre lo que es la paz.

Existen muchos vagabundos que suponen equivocadamente que la paz es poder vivir sin trabajar, muy tranquilamente y sin esfuerzo alguno, en un mundo lleno de fantasías románticas maravillosas.

Sobre la paz existen millones de opiniones y conceptos equivocados.

Mientras dentro de la gente existan los factores psicológicos que producen enemistades, disensiones, problemas, guerras, no habrá paz verdadera.

La paz auténtica viene de la belleza legítima sabiamente comprendida.

La belleza del corazón tranquilo exhala el perfume delicioso de la verdadera paz interior.

Es urgente comprender la belleza de la amistad y el perfume de la cortesía.

Es urgente comprender la belleza del lenguaje. Es necesario que nuestras palabras lleven, en sí mismas, la sustancia de la sinceridad. No debemos usar jamás palabras arrítmicas, inarmónicas, groseras, absurdas…

Cada palabra debe ser una verdadera sinfonía, cada frase debe estar llena de belleza espiritual. Es tan malo hablar cuando se debe callar, como callar cuando se debe hablar. Hay silencios delictuosos y hay palabras infames.

Debemos cuidar nuestros gestos, modales, vestuario y actos de toda especie. Que nuestros gestos, que nuestro vestido, modo de sentarnos a la mesa, manera de comportarnos al comer, forma de atender a las personas en la sala, en la oficina, en la calle, etc., estén llenos de belleza y armonía.

Es necesario comprender la belleza de la bondad, sentir la belleza de la buena música, amar la belleza del arte creativo, refinar nuestra manera de pensar, sentir y obrar.

La suprema belleza solo puede nacer en nosotros cuando ha muerto el Yo en forma radical, total y definitiva.

Nosotros somos feos, horribles, asqueantes, mientras tengamos dentro y bien vivo el Yo psicológico. La belleza en forma íntegra es imposible en nosotros mientras exista el Yo pluralizado.

Si queremos paz auténtica debemos reducir el Yo a polvareda cósmica, solo así habrá en nosotros la belleza interior. De esa belleza nacerá en nosotros el encanto del amor y la verdadera paz del corazón tranquilo.

La paz creadora trae orden dentro de uno mismo, elimina la confusión y nos llena de legítima felicidad.

Extractos de La revolución de la dialéctica, Tratado de ética y sociología gnóstica, Educación fundamental.

V.M. Samael Aun Weor.