Los entresijos y misterios de la Kábala

Los entresijos y misterios de la Kábala 850 480 V.M. Kwen Khan Khu

Muy apreciados lectores:

Me complace enormemente haceros llegar algunas líneas relacionadas con:

LOS ENTRESIJOS Y MISTERIOS DE LA KÁBALA

Ya en otras ocasiones os he explicado las conexiones que esta ciencia hermética tiene con relación al camino interior que ha de llevarnos a nuestro SER. Hemos explicado, asimismo, que podríamos citar dos Kábalas fundamentales para el ejercicio de nuestros estudios y la cristalización de nuestros anhelos, a saber: la Kábala hebraica y la Kábala egipcia con sus veintidós Arcanos.

Con la primera ─lo hemos explicado muchas veces─ se nos muestra el camino a recorrer comenzando desde el mundo físico o MALKUTH hasta las elevadas regiones de nuestro KETHER o REAL SER INTERIOR. En otras palabras, podemos afirmar categóricamente que esta Kábala sería el mapa del Camino o Sendero Hermético; mientras que la segunda nos va aclarando los detalles de dicho camino, nos va advirtiendo de los peligros y los recovecos de dicha travesía, a la par que nos otorga el arma de la MAGIA para superar todos esos obstáculos.

No podemos dejar de afirmar que las veintidós letras del alfabeto hebraico están en íntima relación con los veintidós Arcanos del Tarot integrado en la Kábala egipcia. Ambas cosas fueron creadas por el Ángel METATRÓN en su tiempo, cuando aquella criatura divinal estuvo reencarnada en Egipto y luego entre las tribus de Israel.

Empero, también hemos comentado en otras oportunidades que la Kábala misma es una LENGUA SAGRADA con una fonética misteriosa y graciosa a la par. Acerca de ello me permito haceros llegar unas palabras que enhorabuena entregó a la humanidad aquel gran Maestro que el mundo occidental conoció con el nombre de FULCANELLI. Justamente su nombre sagrado está constituido por la unión de dos palabras o nombres mitológicos, a saber: VULCANO Y HELIOS, derivándose luego FULCANELLI.

Este gran Maestro nos dice en sus Moradas filosofales cosas como estas:

«Sin abandonar por completo los artificios de la lingüística, los viejos Maestros, en la redacción de sus tratados, utilizaron sobre todo la Kábala Hermética, a la que aún llamaban lengua de los pájaros, de los dioses, gaya o ciencia del saber. De esta manera pudieron ocultar al vulgo los principios de su ciencia envolviéndolos con un ropaje cabalístico. Es esto algo indiscutible y muy conocido. Pero lo que generalmente se ignora es que el idioma del que los autores tomaron sus términos es el griego arcaico, lengua madre de la pluralidad de los discípulos de Hermes. La razón por la cual no se advierte la intervención cabalística se debe, precisamente, a que nuestra lengua actual proviene directamente del griego. En consecuencia, todos los vocablos escogidos en nuestro idioma [Fulcanelli era francés] para definir ciertos secretos, como tienen sus equivalentes ortográficos o fonéticos griegos, basta conocer bien estos para descubrir enseguida el sentido exacto, restablecido en aquellos. Pues si nuestro idioma actual, en cuanto al fondo, es en verdad helénico, su significación se ha visto modificada en el transcurso de los siglos, a medida que se alejaba de su fuente. Es el caso del francés antes de la transformación radical que le hizo sufrir el Renacimiento, decadencia escondida bajo el concepto de reforma.

[…]

Muchos filólogos, sin duda, no compartirán nuestra opinión y continuarán seguros, con la masa popular, de que nuestra lengua es de origen latino, únicamente porque recibieron la primera noción de ello en los bancos de la escuela. Nosotros mismos hemos creído y aceptado mucho tiempo como expresión de la verdad lo que enseñaban nuestros profesores. Solo más tarde, buscando la prueba de esa filiación por entero convencional, tuvimos que reconocer la vanidad de nuestros esfuerzos y rechazar el error nacido del prejuicio clásico. Hoy nadie sería capaz de hacernos rectificar nuestra convicción, tantísimas veces confirmada por el éxito obtenido en el orden de los fenómenos materiales y de los resultados científicos. Por ello afirmamos en voz alta, sin negar la introducción de elementos latinos en nuestro idioma desde la conquista romana, que nuestra lengua es griega, que somos helenos o, más exactamente, pelasgos…».

 En otras aseveraciones que hace este gran Maestro nos acota:

«A propósito de esta ciencia, se impone la observación, y la creemos tanto más fundada cuanto el estudiante no prevenido asimila de buen grado la Kábala Hermética con el sistema de interpretación alegórica que los judíos pretenden haber recibido por tradición y que denominan Kábala. En realidad, nada existe en común entre ambos términos aparte su pronunciación. La Kábala hebraica no se ocupa más que de la Biblia, así que se ve estrictamente limitada a la exégesis y a la hermenéutica sagradas. La Kábala Hermética se aplica a los libros, textos y documentos de las ciencias esotéricas de la antigüedad, de la Edad Media y de los tiempos modernos.

Mientras que la Kábala hebraica no es más que un procedimiento basado en la descomposición y la explicación de cada palabra o de cada letra, la Kábala Hermética, por el contrario, es una verdadera lengua. Y como la gran mayoría de los tratados didácticos de ciencias antiguas están redactados en Kábala, o bien utilizan esta lengua en sus pasajes esenciales, y como el mismo gran Arte, según la propia confesión de Artefio, es enteramente cabalístico, el lector nada puede captar de él si no posee al menos los primeros elementos del idioma secreto. En la Kábala hebraica tres sentidos pueden descubrirse en cada palabra sagrada, de donde se deducen tres interpretaciones o Kábalas distintas. La primera, llamada Guematria, incluye el análisis del valor numérico o aritmético de las letras que componen el vocablo. La segunda, conocida como Notarikon, establece el significado de cada letra considerada por separado. La tercera, o Temurá ─es decir, cambio, permutación─, emplea ciertas transposiciones de letras. Este último sistema, que parece haber sido el más antiguo, data de la época en que florecía la escuela de Alejandría, y fue creada por algunos filósofos judíos deseosos de acomodar las especulaciones de las filosofías griega y oriental con el texto de los libros santos. No nos sorprendería lo más mínimo que la paternidad de este método pudiera atribuirse al judío Filón, cuya reputación fue grande en los comienzos de nuestra Era, porque él es el primer filósofo que se cita que intentó identificar una religión verdadera con la filosofía. Se sabe que trató de conciliar los escritos de Platón y los textos hebreos interpretando estos alegóricamente, lo que concuerda perfectamente con la meta perseguida por la Kábala hebraica»…

«El lenguaje de los pájaros es un idioma basado únicamente en la asonancia. No se tiene, pues, en cuenta para nada la ortografía, cuyo rigor mismo sirve de freno a los espíritus curiosos y les hace inaceptable toda especulación realizada fuera de las reglas de la gramática».

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Kwen Khan Khu