Muy queridos/as lectores/as:
Os hago llegar un nuevo grabado que lleva por título…
…HORTUS NEC AMOENIOR ULLUS
─‘Ningún jardín es más ameno’─

En el texto en latín que está al pie de nuestro grabado podemos leer:
Vena Dei donum est, auctorem grata revisunt Dona suum, agricolam, messe beante, suum.
Traducción: ‘La energía vital es un don de Dios, los dones gratos vuelven, con la mies que lleva riqueza, a su propio autor, a su agricultor’.
Analizando nuestro grabado, en primer plano a la izquierda se ve a un sembrador en cuya tierra hay libros esparcidos, algunos abiertos, otros cerrados, y a la derecha a un segador en medio de una abundante cosecha que brota de un libro. Al fondo la silueta de la ciudad de Freinsheim ─Alemania─.
La presente ilustración artística, eminentemente alquímica, hace referencia a nuestra Tierra Filosofal ─nuestro cuerpo material o vehículo físico, con el cual debemos realizar la GRAN OBRA─.
Sobre esa tierra vemos esparcidos varios libros, unos cerrados y otros abiertos, todo lo cual nos pone en contacto con la simbología de los Maestros del arte transmutatorio. Uno de ellos, el V.M. Fulcanelli, nos dice lo siguiente:
«El cuerpo de este ángel, cuyas dos alas sustituyen la cabeza, está cubierto por el sello del libro abierto, ornado con la estrella cabalística y la divisa en siete palabras del Vitriol: Visita Interiora Terrae, Rectificandoque, Invenies Occultum Lapidem. “Vi a otro ángel ─escribe san Juan─ poderoso, que descendía del cielo envuelto en una nube; tenía sobre su cabeza el arco iris, y su rostro era como el sol, y sus pies, como columnas de fuego, y en su mano tenía un librito abierto. Y poniendo su pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra, gritó con poderosa voz como león que ruge. Cuando gritó, hablaron los siete truenos con sus propias voces. Cuando hubieron hablado los siete truenos iba yo a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que han hablado los siete truenos y no las escribas… La voz que yo había oído del cielo, de nuevo me habló y me dijo: Ve, toma el librito abierto de mano del ángel que está sobre el mar y sobre la tierra. Fuime hacia el ángel, diciendo que me diese el librito. Él me respondió: Toma y cómelo, y amargará tu vientre, mas en tu boca será dulce como la miel”.
Este producto, alegóricamente expresado por el ángel o el hombre ─atributo del evangelista san Mateo─, no es otro que el mercurio de los filósofos, de naturaleza y cualidad doble, en parte fijo y material y en parte volátil y espiritual, el cual basta para comenzar, acabar y multiplicar la obra». […]
«Pero aquí se impone una observación. Con el nombre de liber y bajo la imagen del libro, adoptados para calificar la materia detentora del disolvente, los sabios han pretendido designar el libro cerrado, símbolo general de todos los cuerpos brutos, minerales o metales, tales como la Naturaleza nos los proporciona o la industria humana los entrega al comercio».
De este modo, amigos y amigas, llegamos a saber mediante la Gnosis que tanto el libro cerrado como el libro abierto simbolizan nuestra energía creadora, indispensable para crear nuestra anatomía oculta, nuestros vehículos internos.
Asimismo, la llamada Tierra Filosofal no es otra cosa que nuestro cuerpo físico, nuestro propio laboratorio dentro del cual se mezclan inteligentemente nuestras energías mercuriales que, siendo alcanzadas en su momento por el fuego de nuestra Divina Madre o Divina Señora Stella Maris, se transforman en aguas redentoras que lavan todas nuestras precariedades desde el origen de los tiempos. Ese es el milagro del cuarto tipo de Mercurio, substancia capaz de transformarnos íntegramente en criaturas resplandecientes ante los ojos de Dios.
Las palabras del V.M. Fulcanelli al respecto de la Tierra Filosofal resultan interesantes para nuestro entendimiento. Veamos cómo nos describe este detalle en su obra Las moradas filosofales:
«Diría, pues, afirma un autor anónimo, que la materia de que se hace la piedra de los filósofos fue hecha a la vez que el hombre, y se llama tierra filosofal… Pero nadie la conoce aparte de los verdaderos filósofos, que son los hijos del Arte».
Bueno es destacar que el Adepto que ubicamos a la derecha de nuestro grabado está colectando de uno de los libros abiertos una especie de vegetación maravillosa ─el fruto de su trabajo con el Mercurio de los sabios─. De allí que una de las frases con las que comenzamos la explicación de nuestro grabado comience diciéndonos: «La energía vital es un don de Dios, los dones gratos vuelven, con la mies que lleva riqueza, a su propio autor». Con estas palabras se nos está diciendo que aquellos que cuidamos nuestra simiente seremos los favorecidos por la misma naturaleza.
Os acoto ahora unas frases para vuestras reflexiones:
«La fortuna en verdad ayuda a aquellos que tienen buen juicio».
Eurípides
«La fortuna se parece a un mercado: basta esperar para que baje el precio».
Bacon
«La fortuna, y no la sabiduría, es quien gobierna la vida humana».
Cicerón
«La fortuna es como un vestido, que muy holgado nos embaraza y muy estrecho nos oprime».
Horacio
«La fortuna teme a los valientes y avasalla a los cobardes».
Séneca
EX AEQUO ET BONO.
─‘De modo justo y bueno’─.
KWEN KHAN KHU