Aquel que enseña bien, pero vive mal, Daniel Meisner

«Qvi benè docet» (Aquel que enseña bien)

«Qvi benè docet» (Aquel que enseña bien) 850 480 V.M. Kwen Khan Khu

Estimados lectores y lectoras:

Os estamos enviando un grabado del mismo libro Thesaurus Philo-Politicus, publicado a partir del año 1623 por el poeta Daniel Meisner ─1585-1625─ y el grabador y editor Eberhard Kieser.

Aquel que enseña bien, pero vive mal, Daniel Meisner

Tiene como título en latín Qvi bene docet, et male vivit, qvod vna manv dat, altera rapit. Al pie de la imagen aparece el texto: Qui bene Christicolas docet, et male vixerit, ille est, Cujus dextra manvs datq[ue], sinistra rapit.

Ambos textos se traducen como: ‘Aquel que enseña bien [a los cristianos], pero vive mal [lleva una vida mala, malvada y perversa]’.El texto en alemán antiguo dice lo mismo: ‘Lo que con una mano da, con la otra lo quita’.

Teniendo como fondo la ciudad de Lübeck ─norte de Alemania─, un hombre vestido con ropas de clérigo o erudito parece realizar un acto de caridad hacia un mendigo, pero mientras con la mano derecha da, con la otra recoge lo que ha dado.

Amigos y amigas, esta ilustración que nos muestra este grabado nos señala la nefasta presencia del agregado psicológico del egoísmo y la avaricia en nuestra anatomía psíquica.

En nuestro mundo actual este agregado psicológico está muy presente y es muy fácil percibirlo en nuestra sociedad. Lo más lamentable es que esta malformación energética se vea representada en los actos de muchos clérigos de nuestros días, quienes, a cambio de prometer una «parcela en el cielo» después de la muerte, se quedan con las propiedades de aquellos sinceros cristianos que practicaron esa fe a lo largo de sus vidas. A esto lo llamaron en su tiempo «¡indulgencias divinas!».

Indudablemente que esta es una broma de muy mal gusto, un engaño preñado de maldad, pues en tal caso estamos jugando con las buenas intenciones del agraviado, quien, en su buena fe, piensa que, además de perdonársele todos sus pecados, una vez muerto será recibido por la divinidad, quien lo ubicará en regiones paradisíacas por toda la eternidad. Este es el mismo cuento de muchas otras religiones que prometen a sus seguidores, después de su muerte, ser recibidos por hermosas doncellas en medio de un clima de belleza inigualable también por toda la eternidad.

¿Por qué engañar a las multitudes con estos ardides? ¿Por qué prometer la paz de los cielos a las almas perdidas si durante sus vidas se dedicaron a hacer el mal? ¿Acaso Dios es ciego, ignorante o estúpido como para creerse estas farsas de nosotros los humanoides? ¿Por qué jugamos con los textos sagrados adulterándolos en sus frases originales? ¡Enigmas, enigmáticos, enigmas…!

La mentalidad del humanoide actual es maliciosa por excelencia, y esto lleva a los clérigos y no clérigos a pretender que pueden engañar a la justicia DIVINA. También esto nos lleva a creer que el infierno y el karma no existen. Ya ha habido papas que negaron la existencia de las infradimensiones alegando que dichos infiernos son simplemente estados de desorden psíquico que hemos estado acumulando en nuestras vidas. Con estas afirmaciones se lavan las manos los «servidores de Dios».

¡Este es el colmo de los colmos!, y la afirmación de una ignorancia pura y dura.

La trampa del egoísmo y la avaricia tiene muchos ropajes para presentarse ante las multitudes. En nuestro mundo, hoy en día, existen muchas organizaciones que, a cambio de atender a los ancianos en lugares dizque especializados en dar bienestar a los mismos, por otra parte les están robando, con muchas excusas, su patrimonio, sus bienes, sus propiedades, etc., etc., etc., todo justificado con el buen atendimiento humano de los enfermos terminales.

Esta clase de negocios se ha esparcido en muchos lugares de nuestro planeta, sobre todo en aquellos países que llamamos «civilizados»

Os entrego ahora unas frases para la reflexión:

«Los avaros atesoran como si hubieran de vivir eternamente, y los pródigos disipan lo mismo que si fuesen a morirse».
Aristóteles

«La avaricia es corruptora de la felicidad, de la honradez y de todas las demás virtudes».
Salustio

«La avaricia es como la llama, cuya violencia aumenta en proporción al incendio que se produce».
Séneca

«La avaricia es el deseo de acumular, bien sea en granos, bien en muebles, bien en fondos o bien en curiosidades. Había avaros antes de la invención del oro».
Voltaire

«La avaricia arrebata a los demás lo que se niega a sí misma».
Séneca

ABYSSUS ABYSSUM INVOCAT.
─‘Un abismo llama a otro abismo’─.

KWEN KHAN KHU