Un llamado a la rebeldía inteligente

Un llamado a la rebeldía inteligente 850 480 V.M. Samael Aun Weor

Desgraciadamente, la gente lleva una vida mecanicista. Tenemos hábitos que repetimos incesantemente. Cuando alguien, por algún motivo, se sale de su papel, cuando abandona por un instante esa vida mecanicista que lleva, cuando se aparta, cree que va mal y tal vez es cuando uno va mejor. 

Es necesario, de cuando en cuando, salirnos siquiera por un momento de ese mundo mecanicista en que siempre vivimos para mirarnos totalmente desde otro ángulo. Esto es tan fácil como salirnos de la ciudad y ver desde la cúspide no solamente la ciudad, sino todos los valles y pueblos vecinos que nos rodean. 

De cuando en cuando, aunque sea por unos instantes, debemos dejar de identificarnos con esa vida mecánica que llevamos. Uno debe tratar de ser distinto, de ser diferente; uno debe ser revolucionario, rebelde por naturaleza y por espíritu; debe romper con todas estas normas viejas de nuestros antepasados, debe abandonar totalmente las costumbres rancias en que han vivido nuestros abuelos. 

Quiero que la juventud comprenda este mensaje, que lo entienda. No es posible despertar Conciencia mientras no nos separemos de todos esos papelitos que estamos acostumbrados a representar. No es posible despertar Conciencia mientras no nos alejemos completamente de la vida mecanicista. 

No quiero decirles a ustedes, jóvenes, que tengamos que vivir una vida de anacoretas, ¡no, no estoy diciendo eso! Necesitamos, es obvio, vivir en el mundo, pero no dejarnos tragar por el mundo; ser distintos. No hagáis vosotros lo que hacen los demás, ¡sed diferentes! Cuando uno comienza a ser rebelde de verdad, se inicia el proceso del despertar. 

Las gentes nada saben sobre la vida superior. ¿Qué saben sobre los misterios de la vida y de la muerte? ¡Nada! Si colocamos una teoría materialista al lado de una teoría espiritualista, vemos que ambas están estructuradas con una lógica plausible y maravillosa, que el razonamiento da para todo. De una pulga se hace un caballo y de un caballo, una pulga. Lo mismo es la razón, la cerebrización, la lógica: da para todo, lo mismo puede fabricar una tesis de tipo espiritualista o de tipo materialista. 

Don Immanuel Kant, el filósofo de Königsberg, escribió su gran obra titulada la Crítica de la Razón Pura. Trata esa obra sobre la lógica, la metafísica y la ética. Y en ella hace una plena diferenciación entre lo que son los conceptos de contenido –elaborados directamente con esas informaciones recogidas por los cinco sentidos– y lo que son los intuitos. Así pues, escribió don Immanuel Kant, el gran filósofo, de manera muy juiciosa sobre la razón, y llega a la conclusión de que esta en sí nada puede saber de la verdad, ni de Dios, ni de lo que hay más allá de la muerte, ni de lo real, etc. 

La juventud, pues, no debe seguir embotellada en ese proceso del razonamiento, debe ser eminentemente intuitiva. Ante todo, se hace necesario entender que estamos dormidos. Pero uno no puede despertar mientras viva completamente falseado por la vida mecanicista, con los diversos papelitos que tiene que representar en la existencia. Hay necesidad, repito, de no identificarnos más con esos papelitos, de romper con ellos por eso de ser rebeldes, de mirar la vida desde otro ángulo. 

Si la razón no nos ha podido llevar a la experiencia de lo real, tenemos que romper con el razonamiento, tenemos que apelar a alguna otra facultad si es que queremos conocer la verdad. El Cristo Cósmico dijo: «Conoced la verdad y esta os hará libres»

Pero ¿es que existe alguna otra facultad que nos permita la experiencia de la verdad sin el proceso doloroso del razonamiento? ¡Sí, existe, mis estimables jóvenes! ¿Cuál es? La «percepción instintiva de las verdades cósmicas». Quiero que esto lo graben bien ustedes en sus corazones. Es una facultad del Ser. Repito: «percepción instintiva de las verdades cósmicas». 

En un pasado arcaico de la Tierra, todas las criaturas humanas poseían desarrollada esa facultad. Pero conforme el Ego, el Yo, el Mí mismo se fue vigorizando, dicha facultad se fue también degenerando hasta que se acabó. Solo desarrollándola de nuevo, solo mediante la regeneración de esa preciosa facultad, podemos llegar a la experiencia de lo real en ausencia completa del racionalismo subjetivo. 

¿Cómo despertar esa preciosa facultad, cómo regenerarla, de qué manera? Os digo, jóvenes: dejando de ser entes mecánicos, apartándonos de tantos papelitos que realizamos diariamente, siendo rebeldes. Cuando uno deja de ser mecánico, es cuando comienza a tener conciencia de sí mismo. Y es que necesitamos conocernos a nosotros mismos. Solo así dejamos de ser mecánicos. 

Los antiguos sabios dijeron: «Nosce te ipsum» –‘Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los Dioses’–. Cuando uno se conoce a sí mismo, puede eliminar los elementos inhumanos que lleva dentro: los prejuicios de raza y de nación; el odio que conduce a tantas guerras; el egoísmo, que de pronto se hará violento; la envidia, que se ha convertido en el factor básico de esta vida ultramoderna; los celos que desesperan; la lujuria que degenera, etc. 

Pero ante todo, necesitamos autodescubrirnos, autoconocernos. Solo autoconociéndonos, solo autodescubriéndonos sabemos cuáles son los elementos inhumanos que cargamos dentro. Una vez conocidos, podemos eliminarlos. Eliminando los errores que llevamos, despierta en nosotros el sentido maravilloso del Ser, esa facultad conocida como «percepción instintiva de las verdades cósmicas». Solo esa facultad puede llevarnos a la experiencia de lo real, de la verdad, de eso que siempre ha sido, es y será. 

Desde la infancia se nos han venido enseñando muchas cosas absurdas; se nos ha formado una falsa Conciencia. En la escuela, se nos hizo aprender de memoria muchas teorías que para nada nos han servido. La familia nos enseñó muchas costumbres, adquirimos muchos hábitos, y con todo eso formamos de verdad una Conciencia falsa, mecánica, que nada sabe de lo real ni de la verdad. El razonamiento subjetivo se basa en las percepciones de los sentidos externos, y nada más; no puede, por lo tanto, conducirnos a lo real. 

La juventud debe ser revolucionaria, acabar con todos los elementos que forman la Conciencia falsa, desintegrar el Mí mismo, el Sí mismo. Y eso es posible mediante la eliminación de nuestros errores psicológicos, dejando de ser mecánicos, aprendiendo a pensar por sí mismos, autoindependizándonos totalmente. 

Cuando lo hayamos logrado, la facultad preciosa del Ser conocida como «percepción instintiva de las verdades cósmicas» entrará en una nueva actividad. Entonces conoceremos lo real, la verdad, sin el proceso doloroso del razonamiento. 

Así pues, a los jóvenes les invito a ser rebeldes, a ser revolucionarios, a sublevarse contra la razón subjetiva; a disolver el Mí mismo, el Sí mismo, mediante la eliminación de sus propios defectos psicológicos; a entrar por un camino de innovaciones y transformaciones; a no hacer lo que hacen los demás, a apartarse de tantos y tantos papelitos ya aprendidos de memoria, a romper con la vida mecánica; a explorarse totalmente con el propósito de autoconocerse. 

Recordemos que la Nueva Era Acuaria es revolucionaria. Así pues, hago un llamado a toda la juventud en el sentido de marchar firmemente por el camino de la educación fundamental. Eso es todo. 

¡Paz Inverencial! 

Samael Aun Weor

1 comentario
  • Fyack AMAGBEGNON 2020-07-26 at 11:39

    Cela me touche tellement que j’ai l’impression que notre Avatar l’a écrit seulement hier!
    Merci infiniment pour ce partage de la Grande Connaissance que vous faites avec nous. Merci.