Los encantos del paraíso terrenal

Los encantos del paraíso terrenal 850 480 V.M. Kwen Khan Khu

Estimados lectores/as:

Os hago llegar unos extractos de una conferencia de nuestro querido Avatara que me parecen extraordinarios. La conferencia lleva por título:

LOS ENCANTOS DEL PARAÍSO TERRENAL

«Amigos, en realidad de verdad, el cuerpo físico no es como creen algunos científicos ignorantes, algunos tontos científicos. El cuerpo físico es una forma mental cristalizada, como lo es el planeta Tierra, y, por lo tanto, la voluntad puede actuar sobre el cuerpo físico y cambiarlo de figura o meterlo dentro de la cuarta dimensión. Cuando aceptemos que el cuerpo físico es una forma mental, obviamente, habremos resuelto el problema de la cuarta dimensión.

Toda la Tierra no es más que una forma mental que surgió del Omeyocán, del “ombligo” mismo del universo, en la aurora de la Creación. Esta forma mental llamada Tierra, con todo lo que ha sido, es y será, fue cristalizando poco a poco hasta tomar la figura actual. La cristalización se realizó de acuerdo con la Ley de las Octavas.

Así que, en realidad de verdad, un día llegará en que esta Tierra, o forma mental llamada Tierra, iniciará su movimiento hacia adentro y hacia arriba hasta perderse o disolverse otra vez en el Omeyocán.

El cuerpo humano, por ende, es una forma mental cristalizada, y todo el secreto de los Jinas no es otra cosa que saber actuar sobre el cuerpo físico humano por medio de la voluntad. Si aceptamos que es una forma de la mente, una forma cristalizada de acuerdo con la Ley de las Octavas, estamos en el camino correcto para actuar sobre el cuerpo físico y meterlo dentro de la dimensión desconocida. ¿Es posible eso? Sí, es posible. Lo que se necesita solamente es voluntad e imaginación unidas en vibrante armonía. Por ese camino llegaremos al camino del triunfo.

Recordemos que en nuestro interior existen los doce apóstoles de los que nos habla la Biblia cristiana. Están dentro de nosotros mismos, aquí y ahora. Recordemos nosotros que también existe en nuestro interior el Felipe del evangelio crístico, que luego desapareciera llevado por el huracán de la tormenta. Ese Felipe tiene poderes sobre la forma física que, como ya dije, es una forma mental cristalizada. Si se tiene fe en Felipe, se puede lograr meter el cuerpo físico dentro de la cuarta dimensión. No me estoy refiriendo a un Felipe histórico, no me refiero a aquel que en otros tiempos hiciera palidecer a los judíos en Tierra Santa, no me estoy refiriendo a ese místico sereno que aparecía como por encanto mágico. Me refiero al Felipe interior, puesto que dentro de nosotros mismos están los doce apóstoles, las doce partes fundamentales de nuestro propio Ser. Una de esas partes se llama Felipe.

Si alguien invoca a su Felipe en instantes de estar dormitando, obtendrá prodigios formidables. Bastaría únicamente que se levantara de su lecho en el momento oportuno, en momentos en que se viese así como gordo, como obeso; en momentos en que se sintiera en un estado de voluptuosidad espiritual extraordinaria, y con fe en Felipe, levantándose de su lecho, entraría de inmediato en el Jardín de las Hespérides, en el Jardín de las Delicias, en el Paraíso Terrenal.

Samael Aun Weor

El Quinto Evangelio, tomo II, conf. «Los encantos del Paraíso Terrenal», págs. 324, 325.

Os agrego ahora unas frases oportunas para reflexionar:

«El grande, indestructible milagro es la creencia humana en los milagros».
Jean Paul Richter

«Los milagros suceden fuera del orden de la Naturaleza, y los misterios son aquellos que parecen milagros y no lo son, sino casos que acontecen a veces».
Cervantes

«Todos los milagros son así ─repentinos─. El milagro ─dijo un pensador─ no es más que la aparición súbita de una realidad escondida».
Amado Nervo

«¿Cuál es la más sublime sorpresa? La del que encuentra a Dios dentro de sí mismo».
Amado Nervo

«No conozco insignia tan propia de una mente soberana como la tenacidad de propósito que invariablemente sigue su camino hasta llegar al fin».
Emerson

DUM SPIRO SPERO.
─‘Mientras respiro espero’─.

Vuestro amigo,
KWEN KHAN KHU

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