El misterio alquímico del bufón

El misterio alquímico del bufón

El misterio alquímico del bufón 850 480 V.M. Kwen Khan Khu

Muy queridos amigos:

Me complace haceros llegar a todos vosotros un comentario interesantísimo sobre la figura que en tiempos medievales era llamada BUFÓN.

EL MISTERIO ALQUÍMICO DEL BUFÓN

Primeramente hemos de saber que el arte transmutatorio estuvo y está lleno de misterios, claves, símbolos, etc., etc., etc. Uno de los grandes misterios de este arte sagrado está constituido por la figura del bufón de los reyes. Casi nadie sabe que detrás de ese disfraz usado por algunos Iniciados se ocultaba el enorme misterio de nuestro Mercurio Secreto. Gracias al gran Adepto Fulcanelli, hoy podemos comprender hondamente la figura de este personaje que encarna los prodigios de nuestra materia caótica, la cual tiene la virtud de regenerarnos y autorrealizarnos.

En aquellos tiempos medievales, el Arcano A.Z.F.era un secreto muy bien guardado. Se requería conocer a un Maestro verdadero que tuviese la caridad de iniciarnos en los misterios de la Piedra Filosofal y nos entregara dicha clave. Hoy, gracias al V.M. Samael Aun Weor, el velo que cubría los misterios de la Gran Obra fue rasgado totalmente, y aunque muchos no tengan interés alguno en adentrarse en los misterios del SER, aquellos que sí tenemos ansias de conocerlo y encarnarlo podemos, entonces, empezar a hacer la gran travesía que ha de llevarnos hasta el Palacio del Rey.

Os añado, pues, las palabras del Maestro Fulcanelli escritas en su obra Las moradas filosofales a este respecto, esperando que sean comprendidas y valoradas por todos vosotros. Aquí están:

«EL HOMBRE DE LOS BOSQUES, HERALDO MÍSTICO DE THIERSEL»

«En un viejo almanaque que, con las Clavículas de Salomón y los Secretos del Gran Alberto, constituía antaño lo más obvio de la impedimenta científica de los mercachifles, se encuentra, entre las láminas que ilustran el texto, un singular grabado en madera. Representa un esqueleto rodeado de imágenes destinadas a marcar las correspondencias planetarias “con las de las partes del cuerpo que las afectan y dominan”. Pues mientras el Sol nos ofrece, con este propósito, su faz radiante, y la Luna, su perfil engastado del creciente, Mercurio aparece bajo el aspecto de un loco de corte. Se le ve tocado con un capuz de peregrino con orejas puntiagudas ─como los capiteles que hemos señalado en la base de las figurillas─ y sosteniendo un caduceo a guisa de cetro de bufón. A fin de que no haya lugar a interpretaciones erróneas, el artista se ha tomado el trabajo de escribir el nombre de cada planeta bajo su propio signo. Se trata, pues, de una verdadera fórmula simbólica utilizada en la Edad Media para la traducción esotérica del Mercurio celeste y del azogue de los sabios. Por lo demás, basta con recordar que la palabra francesa fou ─loco─, antes se decía fol, procede del latín follis, soplillo para el fuego, para evocar la idea del soplador, epíteto despectivo dado a los espagiristas medievales. Incluso más tarde, en el siglo XVII, no es raro encontrar, en las caricaturas de los émulos de Jacques Callot, algunos grotescos ejecutados con el espíritu simbólico cuyas manifestaciones filosofales estudiamos nosotros. Conservamos el recuerdo de cierto dibujo que representaba a un bufón sentado con las piernas cruzadas en X y disimulando tras su espalda un fuelle voluminoso. No cabría mostrarse sorprendido, pues, de que las sabandijas de la corte, muchas de las cuales se han hecho célebres, tuvieran un origen hermético. Su atavío abigarrado, sus extraños perifollos ─llevaban a la cintura una vejiga que llamaban linterna─, sus brincos y sus mixtificaciones lo prueban, así como ese raro privilegio, que los emparejaba con los filósofos, de decir, impunemente, atrevidas verdades. Por fin, el mercurio, llamado loco de la Gran Obra a causa de su inconstancia y volatilidad, ve confirmado su significado en la primera lámina del tarot, llamada el loco o el alquimista.

Por añadidura, el cetro de los locos, que es positivamente un sonajero ─crotalon─, objeto de entretenimiento de niños pequeños y juguete de la primera edad, no difiere del caduceo. Los dos atributos ofrecen una evidente analogía entre sí, aunque el cetro del bufón exprese, además, esa simplicidad innata que poseen los niños y que la ciencia exige a los sabios. Uno y otro son imágenes semejantes. Momos y Hermes llevan el mismo instrumento, signo revelador del mercurio. Trazad un círculo en el extremo superior de una vertical, añadid al círculo dos cuernos y obtendréis el gráfico secreto utilizado por los alquimistas medievales para designar su materia mercurial. Pues bien, este esquema, que reproduce bastante fielmente el cetro del bufón y el caduceo, era conocido en la antigüedad; se ha descubierto grabado en una estela púnica en Lilibeo. En resumidas cuentas, el cetro de bufón parece tratarse de un caduceo, de esoterismo más transparente que la vara de las serpientes rematada o no con el pétalo alado. Su nombre en francés, marotte, diminutivo de mérotte, ‘madrecita’ según algunos, o de ‘María’, la madre universal, según otros, subraya la naturaleza femenina y la virtud generadora del mercurio hermético, madre y nodriza de nuestro rey.

Menos evocador es el caduceo, que conserva, en lengua griega, el sentido de anunciador. Las palabras κηρυκειον y κηρυκιον, caduceo, designan ambas al heraldo o pregonero. Por sí sola, su primitiva común, κηρυξ, el gallo ─porque esta ave anuncia el comienzo del día y de la luz, la aurora─ expresa una de las cualidades del azogue secreto. Es la razón por la cual el gallo, heraldo del Sol, estaba consagrado al dios Mercurio y figura en nuestros campanarios. Si nada, en el bajorrelieve de Thiers, recuerda a esa ave, no puede negarse, sin embargo, que esté oculto tras el vocablo del caduceo, que nuestro heraldo sostiene con las dos manos. Pues el bastón o cetro que llevaban los oficiales de heráldica se llamaba caduceo como la vara de Hermes».

«Las moradas filosofales», Fulcanelli

Os hago llegar esta preciosa imagen de una estatua antigua que el destino puso en mis manos. Se trata de algo original relacionado con este relato.

El misterio alquímico del bufón

Obsérvese que la figura lleva los colores alquímicos. Su ropaje es casi totalmente rojo, lo cual indica o señala a la tintura roja; tal color señala a la fusión del Mercurio con el Azufre de los sabios. Empero, hay coloración negra y amarilla en algunas partes de su ropaje simbólico. Recordemos que nuestro Mercurio es negro al principio, luego blanco, después amarillo y, finalmente, debe convertirse en tintura roja.

Os anexo ahora unas frases para vuestra reflexión:

«No debiera uno sorprenderse sino de poder sorprenderse aún».
La Rochefoucauld

«¿Cuál es la más sublime sorpresa? La del que encuentra a Dios dentro de sí mismo».
Amado Nervo

«Seamos veraces: en eso consiste el secreto de la elocuencia y de la virtud, en eso reside la autoridad moral, esa es la más elevada máxima del arte y de la vida».
Amiel

«Existe algo más próximo a nosotros que la escritura, a saber: el verbo, del corazón del cual proceden todas las escrituras».
William Penn

Docendo discimus.
─‘Enseñando aprendemos’─.

KWEN KHAN KHU