Pensamientos negativos

Pensamientos negativos 850 480 V.M. Samael Aun Weor

Pensar profundamente y con plena atención resulta extraño por esta época involutiva y decadente. 

Del centro intelectual surgen diversos pensamientos provenientes, no de un Yo permanente, como suponen neciamente los ignorantes ilustrados, sino de los diferentes Yoes en cada uno de nos. 

Cuando un hombre está pensando, cree firmemente que él, en sí mismo y por sí mismo, está pensando. 

No quiere darse cuenta el pobre mamífero intelectual de que los múltiples pensamientos que por su entendimiento cruzan tienen su origen en los distintos Yoes que llevamos dentro. 

Esto significa que no somos verdaderos individuos pensantes; realmente, todavía no tenemos mente individual. 

Sin embargo, cada uno de los diferentes Yoes que cargamos dentro usa nuestro centro intelectual, lo utiliza cada vez que puede para pensar. 

Absurdo sería, pues, identificarnos con tal o cual pensamiento negativo y perjudicial creyéndolo propiedad particular. 

Obviamente, este o aquel pensamiento negativo proviene de cualquier Yo que en un momento dado ha usado abusivamente nuestro centro intelectual. 

Pensamientos negativos los hay de distinta especie: sospecha, desconfianza, mala voluntad hacia otra persona, celos pasionales, celos religiosos, celos políticos, celos por amistades o de tipo familiar, codicia, lujuria, venganza, ira, orgullo, envidia, odio, resentimiento, hurto, adulterio, pereza, gula, etc., etc., etc. 

Realmente, son tantos los defectos psicológicos que tenemos que aunque tuviéramos paladar de acero y mil lenguas para hablar no alcanzaríamos a enumerarlos cabalmente. 

Como secuencia o corolario de lo antes dicho resulta descabellado identificarnos con los pensamientos negativos. 

Como quiera que no es posible que exista efecto sin causa, afirmamos solemnemente que nunca podría existir un pensamiento por sí mismo, por generación espontánea… 

La relación entre pensador y pensamiento es ostensible; cada pensamiento negativo tiene su origen en un pensador diferente. 

En cada uno de nos existen tantos pensadores negativos cuantos pensamientos de la misma índole. 

Mirada esta cuestión desde el ángulo pluralizado de «pensadores y pensamientos», sucede que cada uno de los Yoes que cargamos en nuestra psiquis es ciertamente un pensador diferente. 

Incuestionablemente, dentro de cada uno de nos existen demasiados pensadores; sin embargo, cada uno de estos, a pesar de ser tan solo parte, se cree el todo en un momento dado… 

Los mitómanos, los ególatras, los narcisistas, los paranoicos, nunca aceptarían la tesis de «la pluralidad de pensadores», porque se quieren demasiado a sí mismos, se sienten «el papá de Tarzán» o «la mamá de los pollitos»… 

¿Cómo podrían tales gentes anormales aceptar la idea de que no poseen una mente individual, genial, maravillosa?… 

Sin embargo, tales sabiondos piensan de sí mismos lo mejor, y hasta se visten con la túnica de Aristipo para demostrar sabiduría y humildad… 

Cuenta por ahí la leyenda de los siglos que Aristipo, queriendo demostrar sabiduría y humildad, se vistió con una vieja túnica llena de remiendos y agujeros; empuñó con la diestra el bastón de la Filosofía y se fue por las calles de Atenas… 

Dicen que cuando Sócrates lo vio venir, exclamó con gran voz: «¡Oh, Aristipo!, se ve tu vanidad a través de los agujeros de tu vestidura». 

Quien no vive siempre en estado de alerta novedad, alerta percepción, pensando que está pensando, se identifica fácilmente con cualquier pensamiento negativo. 

De resultas de esto fortalece lamentablemente el poder siniestro del Yo negativo, autor del correspondiente pensamiento en cuestión. 

Cuanto más nos identificamos con un pensamiento negativo, tanto más esclavos seremos del correspondiente Yo que le caracteriza. 

Con respecto a la Gnosis, al Camino Secreto, al trabajo sobre sí mismo, nuestras tentaciones particulares se encuentran precisamente en los Yoes que odian la Gnosis, el trabajo esotérico, porque no ignoran que su existencia dentro de nuestra psiquis está mortalmente amenazada por la Gnosis y por el trabajo. 

Esos Yoes negativos y pendencieros se apoderan fácilmente de ciertos rollos mentales almacenados en nuestro centro intelectual y originan, secuencialmente, corrientes mentales nocivas y perjudiciales. 

Si aceptamos esos pensamientos, esos Yoes negativos que en un momento dado controlan nuestro centro intelectual, seremos entonces incapaces de librarnos de sus resultados. 

Jamás debemos olvidar que todo Yo negativo se «autoengaña» y «engaña»; conclusión: miente. 

Cada vez que sentimos una súbita pérdida de fuerza, cuando el aspirante se desilusiona de la Gnosis, del trabajo esotérico, cuando pierde el entusiasmo y abandona lo mejor, es obvio que ha sido engañado por algún Yo negativo. 

El Yo negativo del adulterio aniquila los nobles hogares y hace desgraciados a los hijos. 

El Yo negativo de los celos engaña a los seres que se adoran y destruye la dicha de los mismos. 

El Yo negativo del orgullo místico engaña a los devotos del Camino, y estos, sintiéndose sabios, aborrecen a su Maestro o lo traicionan… 

El Yo negativo apela a nuestras experiencias personales, a nuestros recuerdos, a nuestros mejores anhelos, a nuestra sinceridad, y mediante una rigurosa selección de todo esto presenta algo en una falsa luz, algo que fascina, y viene el fracaso… 

Sin embargo, cuando uno descubre el Yo en acción, cuando ha aprendido a vivir en estado de alerta, tal engaño se hace imposible… 

Psicología Revolucionaria, capítulo XIV, «Pensamientos negativos». 
Samael Aun Weor