Muy queridos lectores y lectoras:
En esta oportunidad os hago llegar un grabado realizado por uno de los hermanos Galle, Cornelios y Theodoor, grabadores flamencos del siglo XVII. Es el dibujo número 66 que ilustra el libro del jesuita Jan David, Veridicus christianus, ‘el verdadero cristiano’, publicado en Amberes en el año 1601. Lleva un título en latín:
ADSPECTVS INCAVTI DISPENDIUM
─‘El costo de la mirada imprudente’─

DESCRIPCIÓN:
Una casa antropomórfica con forma de rostro ocupa el primer plano de la imagen. Sus ojos son ventanas, con las contraventanas levantadas. Su oreja derecha es otra ventana; su boca, una puerta; su cabello, un techo de paja. El dueño de la casa usa una vara para levantar una de las contraventanas, y la figura esquelética de la muerte, con una bolsa colgando de sus hombros, sube por una escalera para colarse en la casa y robar.
Cuatro figuras aparecen en el paisaje detrás de la casa. A la izquierda, Eva sosteniendo la fruta arrancada del árbol del bien y del mal. A la derecha, Dina, hija del patriarca bíblico Jacob ─en hebreo Dinah, ‘justicia’; una historia sobre la violación de Dina aparece en el Génesis─. A lo lejos, el rey David espiando a Betsabé mientras se baña.
En algunos comentarios sobre el dibujo se hace referencia a las frases populares «La muerte entra por las ventanas de los ojos», atribuida al rey David, y «Los ojos son las ventanas del alma», un dicho de San Agustín ─Patriarca gnóstico─.
Los textos en latín y francés que se encuentran al pie del dibujo con una posible traducción:
Quid, qui emissitios nusquam non iactat ocellos?
Hoc agit, vt pandas mors inuolet atra fenestras.
‘¿Qué diremos de aquel que dirige su mirada errante a todas partes?
Esto hace que la muerte pueda entrar volando por las ventanas negras’.
Qui laisse s´esbatre / Sa veue folatre / Quel malheur l’attend?
La mort aeternelle / Par ces trous eschelle / l´ame, et la surprend.
‘A quien deja vagar su mirada juguetona, ¿qué desgracia le espera?
Muerte eterna. Por estos agujeros escala la muerte y la sorprende’.
¿Qué significa todo esto, paciente lector?
La Gnosis samaeliana nos ha dicho de muy diversas formas que nos cuidemos minuciosamente de las malas impresiones que recibimos constantemente y que contribuyen al adormecimiento de nuestra Conciencia…
Esa es la enseñanza que nos trae, en esta oportunidad, este maravilloso grabado, que nos habla de nuestro descuido al abandonar nuestra autobservación permanente.
Obviamente, la casa de nuestro dibujo es nuestra misma anatomía capturada por la energía de nuestros agregados psicológicos indeseables, los cuales entran y salen de nuestro psiquismo utilizando los sentidos de nuestra máquina orgánica.
Por ello, primeramente, hemos de adentrarnos en la figura A, que nos señala a Eva e indirectamente nos conecta con el pecado original: la fornicación, pues desde tiempos del Edén, cuando la humanidad se entregó a su propia perdición, se olvidó de sí misma, se olvidó del SER y cayó en la degeneración animal. Desde entonces, nuestra especie ambula errante por los raíles de la existencia ignorando quién es, por qué existe, de dónde proviene y hacia dónde irá.
Centrándonos ahora en el objeto B, podemos apreciar un agujero que hace las veces de una ventana. ¿Por qué? Porque para realmente vivir en constante autobservación, necesitamos controlar el sentido de la vista, ya que este captura inmensidad de imágenes que luego entran a formar parte del archivo egoico de nuestro psiquismo. Luego nuestra psiquis elabora a su antojo una larga serie de conceptos y preconceptos sobre aquello que hemos visto antes, y de esta manera mantiene dentro de nosotros un desorden permanente que ayuda al adormecimiento de nuestra Conciencia.
En otro de los agujeros del rostro de este grabado se nos señala la figura esquelética de la muerte marcada con la letra C. ¿Por qué? Porque todo aquello que contribuye a nuestra ceguera nos va preparando para seguir siendo esclavos de nuestro hipnotismo psicológico y, tarde o temprano, terminaremos en brazos de la muerte.Habremos vivido sin saber para qué vivimos, solamente alimentándonos de las impresiones de las que hemos sido prácticamente esclavos, a saber: el coche, el reloj, la moda, el sexo, la gula, el orgullo, la pereza, la ambición, etc., etc., etc.
Analizando aquello que engloba la letra D, nos encontraremos con una oreja que nos apunta a otra forma que usa nuestro EGO animal para mantenernos hipnotizados. Me refiero al sentido del oído. ¿Cuántas personas asisten totalmente hipnotizadas por la música rock a los grandes conciertos musicales de nuestros días? Miles, miles y miles. Y, para colmo, tales conciertos son utilizados por los Yoes de la ebriedad y la infrasexualidad que les siguen a lo largo de sus presentaciones…
Los oídos también sirven de canal para llenarnos de ideas absurdas que otros nos infunden en determinados momentos. Esto constituye dentro de nosotros la murmuración, las habladurías, los chismes, el dicen que se dice, etc., etc., etc.
Para ir culminando nuestro análisis, llegamos al encuentro de la figura E. ¿A quién vemos en ella? Nada menos que al mismísimo rey David ─personaje bíblico de gran renombre─ en actitud de estarse recreando con la figura de Betsabé desnuda mientras toma un baño. Todo esto nos lleva a nacer en las garras de la lujuria, mismamente aunque seamos reyes o simplemente esclavos de una sociedad cualquiera. Hoy, en nuestros días calamitosos, la pornografía ha pasado a constituir uno de los vicios sexuales que más está aturdiendo a nuestra sociedad en todas sus escalas.
Os adjunto unas frases para la reflexión:
«Más fácil es hacer leyes que hacerlas ejecutar».
Napoleón
«Las leyes son los soberanos de los soberanos».
Luis XIII
«Aunque las leyes no nos obligan, vivimos por ellas».
Emperador Severo
«El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes».
Cicerón
«Lo que las leyes no evitan puede evitarlo la honradez».
Séneca
FINIS CORONAT OPUS.
─‘EL FIN CORONA LA OBRA’─.
Kwen Khan Khu