La hora de la muerte o la Virgen intercediendo a favor de un suplicante, Hieronymus Wierix

La hora de la muerte o la Virgen intercediendo a favor de un suplicante

La hora de la muerte o la Virgen intercediendo a favor de un suplicante 850 480 V.M. Kwen Khan Khu

Muy amados/as amigos/as:

Os hago llegar a todos el presente grabado que lleva por título…

…LA HORA DE LA MUERTE O
LA VIRGEN INTERCEDIENDO A FAVOR DE UN SUPLICANTE

La hora de la muerte o la Virgen intercediendo a favor de un suplicante, Hieronymus Wierix

Compañeros y compañeras, la escena que nos muestra el presente grabado se articula en torno a un árbol, a cuyos pies un hombre arrodillado, en acción suplicante, pide a Cristo que salve su alma ante su inminente muerte en pecado. Cristo está a punto de tocar la campana que pone fin a su vida y escucha las recomendaciones intercesoras de la Virgen.

Al otro lado del árbol, la muerte, con un hacha, ha comenzado a talar el árbol de su vida, del cual satán tira hacia sí con una cuerda.

A sus pies, en una inscripción latina, se lee:

Frondeo frugis inops: Si mors secat, attrahet orcus. Iudicis extentam, Virgo, morare manum.

Traducción: ‘Estoy frondoso pero sin fruto. Si la muerte corta el árbol de mi vida, el orco me atrae a sí. ¡Oh, Virgen!, atrasa la mano extendida del juez’.

Este grabado fue realizado por el grabador flamenco Hieronymus Wierix ─1533- 1619─.

Caros/as lectores/as, la Gnosis nos ha enseñado que cada uno de nosotros nace con un tiempo determinado de existencia en este valle de lágrimas. En una ocasión el V.M. Samael nos indicó que existen tres cosas trascendentales a tomar en cuenta en el transcurso de nuestro viaje en el tiempo, a saber:

  1. El día de nuestro nacimiento.
  2. Nuestro matrimonio.
  3. La hora de nuestra muerte.

Ciertamente, cuando nacemos es porque la voluntad de nuestro Padre, nuestro SER, así lo ha querido para que aprovechemos tal oportunidad a fin de que estudiemos los misterios de la vida y de la muerte y mediante tal estudio nos preparemos, nos desarrollemos en el tapete de la existencia, a fin de alcanzar nuestra Autorrealización Íntima.

Empero, todos sabemos, gracias a la Gnosis, que, como entes humanos, se nos asignan ciento ocho existencias humanas, que constituyen un ciclo en la Rueda del Samsara. Terminadas esas existencias y llegada la muerte de nuestro vehículo físico, entonces, según los valores que hayamos acumulado en el carrusel de la vida, involucionaremos hacia las infradimensiones de la naturaleza o daremos el salto hacia los reinos de las dimensiones superiores del espacio.

Las mecánicas leyes de la naturaleza no perdonan: o evolucionamos hacia regiones de grandeza o involucionamos hacia el abismo, el averno o el tartarus citado por la teología griega; esa es la ley. Obviamente, siempre el Cristo íntimo tratará de asistirnos para que nuestro destino final no sea aquel en el que reinan las tinieblas y los horrores abismales.

Pero aquí cabe una pregunta: ¿Qué podríamos hacer nosotros para escapar de la involución? Respuesta: Tratar de vivir nuestra existencia manteniéndonos siempre en permanente autobservación de sí mismos, o como bien lo expresara nuestro Avatara: «Como el vigía en época de guerra».

Vivir de instante en instante a lo largo del tiempo que se nos ha asignado como entes humanos es indispensable para escapar de las fauces de la involución.

Las gentes tenemos tendencia a creer que nuestro tiempo de vida es ilimitado, lo cual es absolutamente erróneo. Para colmo, el hecho de tener nuestra Conciencia adormecida no nos permite darnos cuenta de que nuestra misma existencia no es más que la repetición perniciosa de los actos mecánicos que hemos venido cometiendo desde nuestras existencias pasadas hasta la presente. Todo ello ha robustecido espantosamente nuestro EGO ANIMAL, todo lo cual, proporcionalmente, nos pone en desventaja con nuestro propio satán.

Por ello, en el presente grabado vemos al Inicuo con una soga tirando para sí mismo del árbol de nuestra vida para llevarnos consigo hacia su reino maldito.

Claramente, la parca, la muerte, ha de presentarse en cualquier momento según los desideratos de la Gran Ley del Karma. Ella cumplirá su deber cortando el hilo de nuestra manifestación física en su día y a su hora. Lo único que podría salvarnos es la misericordia PERMANENTE de nuestro CHRESTOS, en tanto y cuanto nosotros le hayamos estado orando a lo largo de nuestros días como el penitente de nuestro grabado.

Incuestionablemente, la frase que exclama dicho penitente tiene un hondo sentido, una profunda significación: «Estoy frondoso pero sin fruto. Si la muerte corta el árbol de mi vida, el orco me atrae a sí. ¡Oh, Virgen!, atrasa la mano extendida del juez».

Sí, amigos, Stella Maris, la Divina Madre, Ram-IO, tiene el poder de retrasar el veredicto final que nos habría de condenar a nuestra propia involución. Ella puede interceder ante el SEÑOR DE PERFECCIONES para que ponga en marcha el mecanismo de salvación que impida nuestro avance hacia el REINO DE LA PERDICIÓN. Así nos lo ha enfatizado miles de veces nuestro bendito Gurú.

Obviamente, aquí hemos de poner en marcha aquel refrán español que reza de este modo: A DIOS ROGANDO Y CON EL MAZO DANDO, en otras palabras: necesitamos poner en marcha nuestros esfuerzos para que, COMBINADAS las fuerzas humanas y las divinas, logremos el milagro de nuestra integración con nuestro REAL SER INTERIOR PROFUNDO.

Termino esta descripción acotando ahora el siguiente comentario:

Hieronymus Wierix fecit et excud, ‘Hecho e impreso por Hieronymus Wierix’.

Cum gratia et privilegio Buschere, ‘Con la gracia y el privilegio de Buschere’.

Os añado unas frases para la reflexión:

«Hay muertos que van subiendo cuanto más su ataúd baja».
Manuel del Cabral

«¡Cuántos besos dormidos en la sombra, y la muerte, la pálida, qué lejos».
Manuel Gutiérrez Nájera

«¿Cómo puede morirse de repente quien desde que nace va corriendo por la vida y lleva consigo la muerte?».
Quevedo

«Morir no es otra cosa que cambiar de residencia».
Marco Aurelio

«La pálida muerte golpea igualmente el tugurio del pobre como el castillo del rey».
Horacio

MORS CERTA, HORA INCERTA.
─‘La muerte es cierta, mas la hora incierta’─.

KWEN KHAN KHU