Con la virtud como guía, con la suerte como compañera, Gabriel Rollenhagen

«Virtute duce comite fortuna» (Con la virtud como guía, con la suerte como compañera)

«Virtute duce comite fortuna» (Con la virtud como guía, con la suerte como compañera) 850 480 V.M. Kwen Khan Khu

Muy queridos lectores y lectoras:

Me complace haceros llegar este nuevo grabado que lleva por nombre…

…VIRTUTE DUCE COMITE FORTUNA
─‘Con la virtud como guía, con la suerte como compañera’─

Con la virtud como guía, con la suerte como compañera, Gabriel Rollenhagen

En 1635, Henry Taunton, un editor londinense, contrató a George Wither ─1588-1667─, poeta inglés, para escribir versos en inglés que ilustraran las láminas alegóricas de Crispijn van de Passe ─1564-1637─, reconocido grabador neerlandés. Estas láminas alegóricas fueron originalmente diseñadas para un libro de emblemas de Gabriel Rollenhagen ─1583-1619─, poeta alemán.

Henry Taunton publicó el libro de George Wither como Colección de emblemas antiguos y modernos, del cual la única copia perfecta conocida se conserva en el Museo Británico.

El grabado que os envío es el número 139 y lleva un lema en latín y en inglés.

VIRTUTE DUCE COMITE FORTUNA, ‘Con la virtud como guía, con la suerte como compañera’.

Good Fortune will with him abide, That hath true Vertue, for his guide, ‘La buena fortuna permanecerá con él, si tiene verdadera virtud como guía’.

Y transcribo para vosotros la traducción al español del texto en inglés que escribió George Wither intentando explicar la lámina:

«El Grifo es la expresión de una criatura que no se encuentra en los catálogos de la naturaleza, sino que fue creada por aquellos ingenios que, para mostrar las cosas internas, dibujaron figuras externas. La forma que expresa esta ficción fue tomada de un ave y de una bestia, incorporando ─al combinarse así sus partes─ las virtudes, tanto del cuerpo como de la mente. Y se dice que los hombres cabalgan sobre los lomos de los Grifos cuando esas virtudes combinadas los han dignificado.

La Piedra que sostiene a esta bestia puede expresar la firmeza y solidez de todas las verdaderas virtudes. Esa bola de largas alas, que parece estar estrechamente ligada a todo, implica los dones de la fortuna cambiante; y todas esas cosas juntas significan que, cuando los hombres son guiados por una virtud semejante, la buena fortuna no puede separarse de ellos. Si esto es cierto ─y creo que es cierto─, ¿por qué deberíamos murmurar, lamentarnos o afligirnos, como si nuestros estudios o nuestros honestos esfuerzos fueran privados de alguna ganancia merecida? ¿Por qué deberíamos pensar que el mundo nos ha perjudicado porque no estamos registrados entre esos hombres prósperos que ganan cada día, por doce horas de trabajo, más que el salario de doce meses? Si no podemos ver la recompensa de nuestros esfuerzos, consideramos nuestros méritos mayores de lo que son. Pero si nos conformamos, nuestro valor es mayor. Y somos ricos, aunque otros nos consideren pobres».

¿Qué significa todo esto, amigos y amigas?

Para ahondar aún más en estos misterios, vayamos de la mano con el gran Adepto Fulcanelli, quien en sus Moradas Filosofales nos dice, al querernos explicar un conjunto escultórico, lo siguiente:

En el pilar central del primer piso, se advierte un grupo bastante interesante para los amantes y los curiosos del simbolismo. Aunque haya sufrido mucho deterioro y se ofrezca hoy mutilado, rajado y corroído por las intemperies, no es posible, pese a todo, discernir aún el tema. Se trata de un personaje que estrecha entre sus piernas un grifo cuyas patas, provistas de garras, son muy notables, así como la cola del león que prolonga la grupa, detalles todos estos que permiten, por sí solos, una identificación exacta.  […]

Reconocemos en este motivo uno de los emblemas mayores de la ciencia, el que cubre la preparación de las materias primas de la Obra. Pero, mientras que el combate del dragón y del caballero indica el encuentro inicial, el duelo de los productos minerales que se esfuerzan por defender su integridad amenazada, el grifo marca el resultadode la operación, velada, por supuesto, bajo mitos de expresiones variadas, pero que presentan todos ellos los caracteres de incompatibilidad, de aversión natural y profunda que tienen, una por la otra, las sustancias en contacto.

Del combate que el caballero o azufre secreto libra con el azufre arseniacal del viejo dragón nace la piedra astralblanca, pesada, brillante como la plata y pura que aparece firmada y llevando la señal de su nobleza, la garra, esotéricamente traducida por el grifo, índice cierto de unión y de paz entre el fuego y el agua, entre el aire y la tierra. […]

Hemos visto cómo, y a raíz de qué reacción, nace el grifo, el cual proviene de Hermógenes o de la primera sustancia mercurial. Hiperión, en griego Uperiwn, es el padre del Sol, y es él quien desprende, fuera del segundo caos blanco, formado por el arte y figurado por el grifo, el alma que tiene encerrada, el espíritu, fuego o luz escondida, y la lleva por encima de la masa, bajo el aspecto de un agua clara y límpida: Spiritus Domini ferebatur super aquas. Pues la materia preparada, la cual contiene todos los elementos necesarios para nuestra gran obra, no es más que una tierra fecundada en la que reina aún alguna confusión, una sustancia que tiene en sí la luz esparcida, que el arte debe reunir y aislar imitando al Creador. Es preciso que mortifiquemos y descompongamos esta tierra, lo que equivale a matar el grifo y a pescar el pez, a separar el fuego de la tierra, lo sutil de lo espeso “suavemente, con gran habilidad y prudencia” según enseña Hermes en su Tabla de Esmeralda. […]

Es útil saber que la lucha, corta pero violenta, sostenida por el caballero –llámese san Jorge, san Miguel o san Marcelo en la tradición cristiana; Marte, Teseo, Jasón, Hércules en la fábula- no cesa sino con la muerte de ambos campeones (en hermética, el águila y el león), y su unión en un cuerpo nuevo cuya signatura alquímica es el grifo…».

Dicho todo lo anterior, querido/a lector/a, nuestro emblema encierra la conjunción del Azufre sagrado ─Fuego de la Divina Madre─ con el Mercurio purificado o blanqueado, todo lo cual redundará en el esplendor que oportunamente tendrá nuestra Piedra Filosofal, la cual nos hará invencibles ante la mediocridad que envuelve a la humana especie a causa de la multiplicidad egoica que llevamos dentro. Todo ha quedado siempre resumido en la unión que ha de producirse de lo fijo con lo volátil ─el león lo fijo y el águila lo volátil─.

De allí que la bola que está conectada al grifo de nuestro emblema no sea otra cosa que el caos hermético que alimenta los poderes de la misma, por lo cual dicho caos lleva alas, pues se trata de nuestro Mercurio que es susceptible de ser sublimado mediante la transmutación alquímica, para terminar otorgándonos las diversas facultades que el hermetismo atribuye a nuestra simiente

Ciertas son las palabras del grabado cuando nos invita a valorar las facultades de nuestra simiente sagrada una vez que la tratemos con los misterios del Arcano A.Z.F., pues, aunque el mundo ame terriblemente las cosas terrenales, nosotros valoramos las cosas del Espíritu incluso cuando muchos nos consideren pobres por desconocer la gracia divina de la que lleguemos a ser poseedores. He ahí por qué se nos dice que, si llegamos a ser poseedores de esa piedra sobre la cual se apoya ese grifo, habremos entonces hecho una gran conquista.

Esa es la razón de las luchas que vemos en la parte inferior derecha del grabado, en la cual sobresale una figura con una lanza ─simbólica─ dando muerte a muchas gentes ─o agregados psicológicos indeseables─ que merecen ser reducidas a la nada.

Desde el cielo vemos, en nuestro grabado, unos haces de luz que se desprenden, como auxiliando al buscador de la Verdad en su lucha contra las tinieblas.

Os entrego finalmente unas frases para la reflexión:

«Más contraria es la fortuna al hombre al que no deja gozar lo que tiene, que al que le niega lo que le pide».
Platón

«Da Dios habas al que no tiene quijadas».
Fernando de Rojas

«El provecho de unos es el daño de otros».
Montaigne

«La verdadera fortaleza es aquella que nos hace inflexibles siempre que se trata de la virtud».
Plutarco

«No se pueden llamar engaños los que ponen la mira en virtuosos fines».
Cervantes

FAC QUOD FACIENDUM EST.
─‘Haz lo que debe ser hecho’─.

KWEN KHAN KHU